lunes, septiembre 05, 2011

16:59

CineTeleSu mirada, castaña y cálida, se fija con franqueza a las cámaras cuando posa en el photocall de su última película: La piel que habito. Una mata ensortijada –antes oscura, ahora bañada por hilos de plata– corona su cabeza. Aunque quisiera no puede ocultarlo: Antonio Banderas es cien por cien andaluz, malagueño orgulloso, y enarbola su orgullo patrio donde haga falta. Vive un buen momento y gasta bromas, travieso como un chiquillo. Pero hay algo más en su mirada: un cansancio que no llega a ocultar, una especie de fatiga vital. No se trata de la edad; está espléndido a sus 51. Tampoco de su espíritu, aún joven. Lo que le pesa a Antonio es otra cosa. Quizá un agotamiento como el de un corredor de fondo. Y es que su carrera ha sido intensa, y el camino recorrido, largo.

Un soñador sin fronteras

Como muchos otros niños de su Málaga natal, el sueño de José Antonio Domínguez Banderas, hijo de un guardia civil y una profesora, era ser futbolista. No se le daba mal, pero a los catorce años su anhelo se hizo pedazos al romperse un pie. Entonces comenzó a agitarse en él otra clase de inquietud. Sus primeros pasos en la actuación los dio con firmeza en el teatro, desafiando a la censura franquista con obras de Bertolt Brecht, por lo que llegó a ser detenido. Tampoco tuvo pudor en jugar a la ambigüedad con un osado papel de homosexual en los movidos años ochenta, primero en Laberinto de pasiones y después en La ley del deseo, donde protagonizó el primer beso entre dos hombres de la historia del cine español. Pedro Almodóvar descubrió al actor que llevaba dentro: le hizo grande en la comedia y en el drama.

Apasionado 'latin lover'

Si el manchego fue su padrino, Banderas contó en EE. UU. con una madrina de excepción. Madonna le hizo objeto de deseo y, pese a que se hizo el remolón, ya había nacido el latin lover de los noventa. El malagueño se convirtió en el rey del mambo (literalmente) y comenzó a codearse con Tom Hanks y Denzel Washington (Philadelphia), Brad Pitt y Tom Cruise (Entrevista con el vampiro), Anthony Hopkins (La máscara del zorro)... Ha protagonizado una franquicia infantil de gran éxito en Estados Unidos (Spy Kids) y como gato con botas se ha ganado una película propia que pronto veremos. Incluso se ha atrevido a dar el do de pecho en Broadway. Pero solo parece realmente pleno cuando vuelve a sus orígenes. En España halla el descanso en su madre, doña Ana; en su peculiar devoción como cofrade, ya que declaró su escepticismo religioso. No duda en aventurarse en toda clase de negocios made in Spain: desde perfumes a vinos, inmobiliarias o restaurantes. Ahora, como actor, también ha regresado a donde comenzó y, con la maleta llena de experiencia, se deja la piel en manos del hombre que le hizo ser quien es: Pedro Almodóvar.

Con su nombre tatuado en la piel

Antonio ha confesado que se enamoró de Melanie Griffith antes de conocerla, cuando la vio en Algo salvaje. La película Too Much cruzó sus destinos en 1995. Al año siguiente, él finiquitaba sus ocho años de matrimonio con Ana Leza. El malagueño era lo que la díscola hija de Tippi Hedren necesitaba para superar su tormentosa relación con Don Johnson. No faltaron los escépticos. Pero han demostrado ser una pareja sólida. Él ha sido un compañero fiel y constante, la ha sostenido en sus momentos más débiles y ha sido un padre ejemplar para Stella del Carmen y los otros dos hijos de ella. Y ella, tan agradecida. No en vano lleva su nombre tatuado en la piel.// 20minutos.es


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